Espacio destinado a la construcción ciudadana con participación activa de la comunidad educativa que trabaja hoy con los niños y adolescentes, para ayudarlos en su formación como personas capaces de actuar y deliberar en beneficio y a favor de la comunidad a la cual pertenecen desde una posición, fundamentada en el pensamiento crítico y reflexivo, respetando la alteridad que representa hoy día nuestra sociedad. La misión es poder encontrarnos, reflejados en la mirada del otro.
sábado, 30 de noviembre de 2013
Más notas y opiniones acerca del tema, de la construcción de la ciudadanía en la educación.
Para visitar la otra página de Infancia y Ciudadanía en Scoop.it " Construcción de la ciudadanía en educación", seguir el siguiente link. Allí compartimos enlaces y opiniones de páginas que nos resultan muy interesantes y queremos compartirlas, para contribuir en el desarollo de este proyecto de cambio... Saludos!
http://www.scoop.it/t/construccion-de-la-ciudadania-en-educacion/curate?from=ds&source=curate&_tmc=3sBbyqCHa5VtmUPROfKcm9qUBiw_NzQFC_zJggDLTr0
jueves, 14 de noviembre de 2013
El nuevo modelo de lucha pasa por las redes sociales
Es curiosa la capacidad de determinados
sucesos para modificar los hábitos de conducta y, las competencias
digitales de determinados colectivos. Se me hace raro comprobar que el
efecto de unos brutales recortes hace más por la digitalización docente
que miles y miles de ordenadores, y cientos y cientos de horas de
formación.
Sorprende la alarmante explosión de las
redes sociales entre mis compañeros. Miles de cuentas de Facebook que
sacan humo, ingentes cuentas creadas de Twitter, Google + y otras redes
alternativas. Foros echando humo, correos electrónicos enviados
masivamente… Y, todo ello, sin más formación que la propia. Necesidad de
saber, distribuir y colaborar. Tres grandes objetivos que nos otorgan
las redes sociales.
Siempre se ha dicho que las redes
sociales eran algo pequeño, usado de forma masiva por parte de la
sociedad para cubrir “necesidades sociales” que, en el mundo actual,
impersonal y con habilidades sociales más reducidas de lo que se
debería. Saltó la mecha. Se descubrió en nuestro país que también
servían para informar. Para convocar. Para realizar actos físicos y
proclamar consignas. Grandes megáfonos en los que todo el mundo puede
hablar. Pasó el 15M (intemporal pero de auge mediático concreto),
siguieron otras muchas movilizaciones no tan mediáticas pero masivas
para los sectores que las convocaron, etc.
Ahora son muchos los docentes que miran
su muro de Facebook a diario. Comentan en otros muros. Se organizan. Se
movilizan. Gritan consignas. Deciden eslóganes. Ha cambiado su uso. De
uso personal ha pasado a uso de lucha. De batalla contra el sistema que
tiene copados los medios tradicionales de difusión.
No son sólo las redes sociales. Son los
blogs, las bitácoras de docentes en mi caso. Docentes sin poder político
pero con mucho poder mediático. Les da miedo. Tienen que silenciarlo.
Leyes Sinde y SOPA encubriendo la necesidad de limitar la libertad de
expresión con la piratería. Quieren silenciarnos. El modelo de lucha ha
cambiado. Ellos lo saben. Nos llegan noticias de Islandia. Ellos las
tapan. Sabemos que han encarcelado a políticos y banqueros. Eso se
omite. Contraponen programación basura y telediarios de noticias
maquilladas a la realidad. Pocos medios tradicionales quedan en manos
independientes.
Y, ¿qué decir de Twitter? El pajarito de
los 140 caracteres. Suficiente para movilizar, para gritar consignas,
para decidir otro tipo de actuaciones. Libre, sin censura, sin control.
Políticos que están en Twitter sólo para temas electorales y después
desaparecen. Bases de los partidos movilizándose contra el propio
partido que ni los escucha. Se lucha contra la casta, se habla de lo que
no se quiere escuchar en los despachos. Cuentas que crecen de
seguidores. Personas que con sus tuits hacen mucho más que las asambleas
analógicas. Es duro reconocerlo por quien no quiere, pero se hace
imprescindible. La sociedad lee, se moviliza y actúa al margen de las
instituciones (políticas o sindicales). Es un estado de lucha
permanente, horizontal y necesario.
No las pueden callar y quieren. Las
desprecian y ellas se ríen. Hay elecciones cada cuatro años, pero las
redes sociales están un día tras otro allí las veinticuatro horas. ¿Son
las redes sociales el futuro de la expresión popular?
Se crean interlocutores (válidos o no).
Si sirven se mantienen. Si no sirven, la red les defenestra. Esas son
las reivindicaciones de la sociedad. Esa es la voz. Esa es la lucha. Las
redes sociales no son la panacea ni han de ser usadas en exclusividad,
pero ayudan.
Fuente: http://www.xarxatic.com/el-nuevo-modelo-de-lucha-pasa-por-las-redes-sociales/
Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en la educación
Las tecnologías de la
información y la comunicación (TIC) pueden contribuir al acceso
universal a la educación, la igualdad en la instrucción, el ejercicio de
la enseñanza y el aprendizaje de calidad y el desarrollo profesional de
los docentes, así como a la gestión dirección y administración más
eficientes del sistema educativo.
La UNESCO aplica una estrategia amplia e integradora
en lo tocante a la promoción de las TIC en la educación. El acceso, la
integración y la calidad figuran entre los principales problemas que las
TIC pueden abordar. El dispositivo intersectorial de la UNESCO para el
aprendizaje potenciado por las TIC aborda estos temas mediante la labor
conjunta de sus tres sectores: Comunicación e Información, Educación y
Ciencias.
La red mundial de
oficinas, institutos y asociados de la UNESCO facilita a los Estados
Miembros los recursos para elaborar políticas, estrategias y
actividades relativas al uso de las TIC en la educación. En particular,
el Instituto de la UNESCO para la Utilización de las Tecnologías de la
Información en la Educación (ITIE), con sede en Moscú, se especializa en
el intercambio de información, la investigación y la capacitación con
miras a integrar las TIC en la enseñanza, mientras que la Oficina de la
UNESCO en Bangkok mantiene una intensa participación en lo tocante al
uso de las TIC en la educación, en la región de Asia y el Pacífico.
Fuente: http://www.unesco.org/new/es/unesco/themes/icts/
© Copyright UNESCO. Todos los derechos reservados.
Violencia simbólica-Pierre Bordieu
Artículo publicado en “La Trama de la Comunicación” Vol. 9, Anuario del Departamento de Ciencias de la Comunicación.
Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales
, Universidad Nacional de Rosario. Rosario. Argentina. UNR
Editora, 2004.
Sobre Violencia Simbólica en Pierre Bourdieu
Bourdieu sostien que la escuela ejerce violencia simbólica, cuando inculca la arbitrariedad cultural, ¿como ,de que manera? cuando selecciona los contenidos que se dictarán en clase y de este modo, la cultura que se legiíima es parte de los sectores o grupos dominantes.y de esta modo excluye a los sectores que no están comprendidos en en ese canon cultural. Porque arbitrariamente legitima las diferencias sociales a través de las diferencias individuales que estan instaladas en el capital cultural, que cada uno de nosotros trae consigo desde su entorno familiar. A esta escuela sólo se adaptan aquellos que cargan con un capital cultural formado dentro del contexto de clase media, pero para los otros, se convierte en un lugar ajeno, que determina muchas veces el abandono escolar.
Bourdieu sostien que la escuela ejerce violencia simbólica, cuando inculca la arbitrariedad cultural, ¿como ,de que manera? cuando selecciona los contenidos que se dictarán en clase y de este modo, la cultura que se legiíima es parte de los sectores o grupos dominantes.y de esta modo excluye a los sectores que no están comprendidos en en ese canon cultural. Porque arbitrariamente legitima las diferencias sociales a través de las diferencias individuales que estan instaladas en el capital cultural, que cada uno de nosotros trae consigo desde su entorno familiar. A esta escuela sólo se adaptan aquellos que cargan con un capital cultural formado dentro del contexto de clase media, pero para los otros, se convierte en un lugar ajeno, que determina muchas veces el abandono escolar.
miércoles, 13 de noviembre de 2013
Historia del uno y los todos
Hubo un tiempo en el que no había tiempo. Era el tiempo del inicio. Era como la madrugada. No era noche ni era día. Se estaba el tiempo así nomás, sin ir a ningún lado y sin venir de ninguna parte. No había luz pero tampoco había oscuridad. Era el tiempo en el que vivían los más grandes dioses, los que nacieron el mundo, los más primeros. Dicen los más viejos de nuestros viejos que esos primeros dioses eran siete y que cada uno era dos. Dicen los más ancianos de nuestros ancianos que “siete” es como los más antiguos numeran a los todos, y que el uno siempre es dos para poder caminarse. Por eso cuentan que los más primeros dioses eran dos cada uno y eran siete veces. Y estos más grandes dioses no se nacieron sabedores y grandes. Pequeños eran y no mucho sabían. Pero eso sí, mucho hablaban y se hablaban. Puro palabrerío eran estos primeros dioses. Mucho se hablaban todos al mismo tiempo y nada se entendían unos a los otros.
Aunque mucho hablaban estos dioses, poco sabían. Pero, a saber cómo o por qué, hubo un momento en que todos se quedaron callados al mismo tiempo. Habló entonces uno de ellos y dijo y se dijo que era bueno que cuando uno hablara los otros no hablaran, y así el uno que hablaba podía escucharse y los otros que no hablaban podían escucharlo y que lo que había que hacer es hablar por turnos. Los siete que son dos en uno estuvieron de acuerdo. Y dicen los más viejos de nuestros viejos que ese fue el primer acuerdo de la historia, el de no sólo hablar sino también escuchar.
Miraron los dioses los rincones de esa madrugada en que todavía no había ni día ni noche ni mundo ni hombres ni mujeres ni animales ni cosas. Miraron y se dieron cuenta de que todos los pedacitos de esa madrugada hablaban verdades y que uno solo no podía escuchar todos los rincones, así que se dividieron el trabajo de escuchar a la
madrugada y así pudieron aprender todo lo que el mundo de entonces, que no era mundo todavía, tenía para enseñarles.
Y así vieron los más primeros dioses que el uno es necesario, que es necesario para aprender y para trabajar y para vivir y para amar. Pero vieron también que el uno no es suficiente. Vieron que se necesitan los todos y sólo los todos son suficientes para echar a andar al mundo. Y así fue como se hicieron buenos sabedores los primeros dioses, los más grandes, los que nacieron el mundo. Se supieron hablar y escuchar los dioses estos. Y sabedores eran. No porque supieran muchas cosas o porque supieran mucho de una cosa, sino porque se entendieron que el uno y los todos son necesarios y suficientes.
Red de Solidaridad con Chiapas, 2013 | Todos los izquierdos reversados | Potenciado por Wordpress | Este sitio fue íntegramente desarrollado con Software Libre
Hubo un tiempo en el que no había tiempo. Era el tiempo del inicio. Era como la madrugada. No era noche ni era día. Se estaba el tiempo así nomás, sin ir a ningún lado y sin venir de ninguna parte. No había luz pero tampoco había oscuridad. Era el tiempo en el que vivían los más grandes dioses, los que nacieron el mundo, los más primeros. Dicen los más viejos de nuestros viejos que esos primeros dioses eran siete y que cada uno era dos. Dicen los más ancianos de nuestros ancianos que “siete” es como los más antiguos numeran a los todos, y que el uno siempre es dos para poder caminarse. Por eso cuentan que los más primeros dioses eran dos cada uno y eran siete veces. Y estos más grandes dioses no se nacieron sabedores y grandes. Pequeños eran y no mucho sabían. Pero eso sí, mucho hablaban y se hablaban. Puro palabrerío eran estos primeros dioses. Mucho se hablaban todos al mismo tiempo y nada se entendían unos a los otros.
Aunque mucho hablaban estos dioses, poco sabían. Pero, a saber cómo o por qué, hubo un momento en que todos se quedaron callados al mismo tiempo. Habló entonces uno de ellos y dijo y se dijo que era bueno que cuando uno hablara los otros no hablaran, y así el uno que hablaba podía escucharse y los otros que no hablaban podían escucharlo y que lo que había que hacer es hablar por turnos. Los siete que son dos en uno estuvieron de acuerdo. Y dicen los más viejos de nuestros viejos que ese fue el primer acuerdo de la historia, el de no sólo hablar sino también escuchar.
Miraron los dioses los rincones de esa madrugada en que todavía no había ni día ni noche ni mundo ni hombres ni mujeres ni animales ni cosas. Miraron y se dieron cuenta de que todos los pedacitos de esa madrugada hablaban verdades y que uno solo no podía escuchar todos los rincones, así que se dividieron el trabajo de escuchar a la
madrugada y así pudieron aprender todo lo que el mundo de entonces, que no era mundo todavía, tenía para enseñarles.
Y así vieron los más primeros dioses que el uno es necesario, que es necesario para aprender y para trabajar y para vivir y para amar. Pero vieron también que el uno no es suficiente. Vieron que se necesitan los todos y sólo los todos son suficientes para echar a andar al mundo. Y así fue como se hicieron buenos sabedores los primeros dioses, los más grandes, los que nacieron el mundo. Se supieron hablar y escuchar los dioses estos. Y sabedores eran. No porque supieran muchas cosas o porque supieran mucho de una cosa, sino porque se entendieron que el uno y los todos son necesarios y suficientes.
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La formación ciudadana de niños, niñas y jóvenes
Martha Patricia Mahecha Aguilera, Clara Beatriz Díaz Díaz, Guillermo Espinosa, Hiole González, Javier Salcedo
Resumen
Este artículo presenta una reflexión fruto del estudio
realizado para aportar a la construcción de una propuesta intencionada
de formación ciudadana y que privilegia el desarrollo de tres
dimensiones Construir el proyecto de vida que lleva al descubrimiento,
por un lado de la vocación natural del ser humano a la solidaridad y,
por otro, de la dignidad propia de cada persona con derechos y
deberes. Construir la identidad y la interioridad que permite abrir de
raíz los procesos psicológicos a un horizonte de compromiso, dar
elementos para profundizar el conocimiento humano en sus aspiraciones y
motivaciones, mostrar la densidad del obrar moral, comprender que los
procesos de identidad y de interioridad están influenciados por el
equilibrio y la interacción entre los factores personales y sociales;
entender el significado de elecciones parciales y actos particulares; y,
en últimas, descubrir la importancia de un proyecto personal de vida
que guíe hacia la integración personal y social. Concretar el compromiso
social, como consecuencia de las dos fuerzas anteriores, nos lanza con
preocupación a la búsqueda de estructuras socio-históricas más humanas;
en últimas el fin de la formación ciudadana: la preocupación por el otro
en la justicia.
Palabras clave
formación ciudadana; interioridad; identidad; proyecto de vida; compromiso histórico
ISSN: 0120-1700© Todos los derechos reservados. Contenido propiedad exclusiva de Universidad de La Salle
martes, 12 de noviembre de 2013
Los Niños del cielo
Título: Niños del cielo
Título original: Bacheha-Ye aseman
Dirección: Majid Majidi
País: Irán
Año: 1997
Fecha de estreno: 08/10/1999
Duración: 89 min
Género: Drama, Comedia
Calificación: Apta para todos los públicos
Reparto: Mohammad Amir Naji, Amir Farrokh Hashemian, Bahare Seddiqi, Nafise Jafar-Mohammadi, Fereshte Sarabandi, Kamal Mirkarimi, Behzad Rafi, Dariush Mokhtari, Mohammad-Hasan Hosseinian, Masume Dair
Sinopsis:
Ali (Amir Farrokh Hashemian) y Zahra (Bahare Seddiqi) son dos hermanos de una pobre familia iraní, sin apenas recursos para sobrevivir. De hecho, cuando Zahra pierde sus zapatos, debe compartir los de Ali. Pero el chico se entera de que en una próxima competición el premio son un par de zapatos, así que empieza a entrenar duro para ganarlos.
El material gráfico de esta película es de sus respectivos propietarios, distribuidora No disponible y productora The Institute for the Intellectual Development
of Children & Young Adults.
Conclusión:
La película, a nuestro entender, trata de mostrar cómo el mundo se encuentra en un contexto globalizado donde la modernidad no ha llegado a muchas partes del planeta. Hay comunidades enteras bajo los lineamientos de los países desarrollados, muchas veces bajo esta dinámica el ser humano no ha podido entender el porqué de su desigualdad ante otros, como lo planteaba Marx: la problemática social va más allá de como nosotros, los seres humanos, vemos el mundo y nos desenvolvemos en él luchando por sobrevivir.
La realidad social de la pobreza está inmersa en muchas naciones y es el deber de los actores sociales intervenir mediante métodos que diferentes disciplinas y ciencias ofrecen para tratar de subsanar el dilema.
Buscaremos en la conferencia plantear que la
ciudadanía “acontece” en la infancia, y que, al mismo tiempo, es la infancia la
que transforma la ciudadanía en “acontecimiento”. Tomamos la idea de
acontecimiento o evento tanto en el contexto de una deconstrucción genealógica
(en las huellas de Nietzsche, Heidegger,
Badiou) de las fijaciones históricas del concepto de
ciudadanía y de infancia, como en el contexto de lo que llamamos la infancia
como “facundia interpelante” (interpretando la hospitalidad incondicionada del
rostro de la infancia que interpela, Levinas), que nos hace, como ciudadanos,
responsables de los “recién llegados”
(Como diría
H.Arendt).
La ciudadanía “acontece” en la infancia
Durante mucho tiempo hemos in-tentado describir la
ciudadanía como una cualidad que se adquiere cuando se pasa de un estado a otro
estado.
A. En nuestra memoria histórica este “paso” fue
planteado primero desde la distinción entre la mera vida o la vida desnuda
(zoé, en el vocablo griego que utiliza Aristóteles), lo que simplemente
compartimos con todos los otros vivientes, y la vida calificada desde la
posibilidad de elegir un estilo de vida (bíos, otro término griego que se
distingue de la mera vida o zoé), que viene dado por ser los hombres, a
diferencia de los otros seres anima-dos, vivientes que tenemos “logos”, es
decir: podemos pensar y hablar2.
El tener “logos” nos permite actuar (y no meramente
movernos) y por eso somos naturalmente políticos, es decir, pertenecientes a
una polis, en-tendida como “comunidad política”, y no meramente individuos
pertenecientes a una especie determinada. La “naturaleza política”, se
actualiza como pertenencia a una determinada “polis”: los que están fuera no
son “ciudadanos”, sino “bárbaros”.
En este contexto amplio, sin embargo, aparecen
importantes restricciones, porque el estilo de vida activa, es decir
“política”, es, ciertamente, una opción ética, contrapuesta a un estilo de vida
meramente hedonista o placentero, que nos exige apartarnos de lo público (como
dice una sentencia del filósofo helenista Epicuro) y a un estilo de vida
puramente contemplativo, propio de los sabios, que se caracteriza por llevar al
límite la autosuficiencia (la autarquía, o gobierno de sí mismo)3,
sin necesitar de los otros. Pero, además de los diferentes estilos de vida (que
implican una opción ética, como dijimos) hay también fuertes condicionamientos
dados por diferencias naturales que reducen la acción a una mera “labor”, en el
caso de las mujeres, o a un mero “trabajo”, en el caso de los esclavos,
reducción aún más marca-da en el caso de la infancia, definida como no hablante
ni pensante, que simplemente tiene que ser cuidada, alimentada e instruida4.
Es decir, el concepto de ciudadanía jerarquizó, en la
comunidad política misma y por razones naturales, los ciudadanos plenos,
separándolos de algo así como “ciudadanos de segunda”: mujeres y esclavos, que
actúan y pertenecen a la polis, y por lo mismo pueden ser virtuosos o viciosos,
pero no pueden entrar al ágora a deliberar por el bien ni ser seleccionados
para legislar o ejercer el poder de juzgar, y se reserva a la infancia, que
pertenece a la polis pero no actúa, el carácter de “ciudadanía en potencia”, en
el mejor de los casos.
Con frecuencia repetimos aún hoy esto al decir que
educar a la infancia es educar a los ciudadanos del futuro.
B. Con el profundo cambio que implicó el mundo moderno el “paso” se
interpretó de otra manera. El punto de partida es ahora el individuo en
“estado de naturaleza”, es decir: presocial,
independiente de toda pertenencia a un orden cultural y a supuestas jerarquías
dadas, ya que en ese estado todos somos iguales y libres. Como sabemos la
“ficción” de este estado de naturaleza fue necesaria para fundamentar la
creación del orden político, que ya no es dado por naturaleza, sino que tiene
que apoyarse en el único fundamento ahora admitido, el carácter de ser
in-dividuos que piensan, porque desde esa condición que nos da como individuos
el derecho a auto-conservarnos como vivientes y a auto-realizarnos por el
trabajo, acordamos vivir bajo normas y leyes legitimadas por ese acuerdo
original, el contrato social. Ya no somos “naturalmente políticos”, simplemente
porque podemos actuar, sino que nos convertimos en “ciudadanos” cuando entramos
al contrato social y aceptamos la condición de “súbditos”, como expresa Rousseau, porque nos sometemos al poder que
nos representa, el cual tiene, como obligación primera, res-petar la libertad y
la igualdad, desde donde se hizo el contrato que lo legitima. Empieza a tener
importancia la distinción de un derecho “natural”
(Es decir, presocial, en el sentido del llamado
“ius-naturalismo” moderno) y un derecho “ciudadano” (es decir, contractual). No
es casual que la primera declaración universal de los derechos sea “del hombre
y del ciudadano”. No es que el hombre sea “naturalmente” político, sino que
tiene la posibilidad de ser “naturalmente” contrayente, porque todos somos
individuos ideales y libres.
*Carlos
Cullen es Profesor en las Faculta-des de Filosofía y Letras y de Psicología de la Universidad de Buenos
Aires.
Al no estar “naturalmente” determinada la infancia, como lo “femenino” y
“el trabajo esclavo”, empieza a ser construida “socialmente” y con esa
construcción se la aleja del ingreso a la ciudadanía (reservada a la mayoría de
edad), si bien se proclama el derecho universal a la educación. El niño es
sujeto de derechos, pero que deben respetar y garantizar otros. La vida ciudadana,
aquello que los griegos llamaban la “vida activa” no corresponde a la infancia.
Más allá de la enorme importancia de este paso
moderno que basa la legitimidad de la ciudadanía en la libertad e igualdad, que
definen ahora la condición humana como derechos fundamentales, empieza a tener
fuerza una nueva distinción: los civilizados (politizados, en griego) y los
simplemente “salvajes” o, nuevamente, “bárbaros”. Ciertamente no como
jerarquías naturales pero sí como construcciones sociales, sigue vigente el
diferenciar los ciudadanos plenos del lugar, políticamente debilitado, de la
mujer, el esclavo y los niños.
Nuevamente la infancia es, en el mejor de los casos,
promesa de ciudadanía.
C. Justamente, lo que quiero señalar es
lo siguiente: la infancia no afecta la ciudadanía, aunque se reconozca que los
ciudadanos tienen que proteger y cuidar a la infancia. Esta forma de en-tender
la ciudadanía como el dilema de: o ser “por naturaleza”, o “por contrato
social” responde, en ambos casos, a un orden supuestamente sostenido desde un
fundamento siempre igual a sí mismo, la esencia natural, o la subjetividad a
priori que opera en todos los individuos.
Parece obvio, entonces, que la infancia no participa
de la “vida activa”
(Propiamente política) ni siquiera de la “labor” ni
del “trabajo”, es decir no es “agente”, aunque tenga “pertenencia” a la polis,
y, por supuesto, la infancia no puede hacer un uso autónomo de su subjetividad,
reservada a la mayoría de edad, y por lo mismo no es tampoco “contrayente”,
aun-que tenga “derecho presocial”. Ni agente ni contrayente, porque así lo determinan
o el orden natural o la construcción social. No es casual que “infancia”, en
griego, se diga paideia (que implica conducir a los niños, criarlos, educarlos)
y que esté tan cercana la comprensión moderna de la infancia a la “disciplina”,
el discipulado que debe aprender el buen uso de la razón y de la libertad. Lo
curioso es que ambos términos, paideia y disciplina (tan cercanos a la infancia
relacionada con el orden político y social) tengan en su etimología y uso un
sentido, también, de “castigo”.
No sorprende, entonces, que Michel Foucault haya
dedicado buena parte de su producción a desenmascarar la episteme moderna, que
mediante el lugar del saber se propuso disciplinar, vigilar y castigar. Es
decir, definir la “normalidad” que nombra al buen ciudadano, y, obviamente, a
la buena mujer, al buen trabajador y, sobre todo, al buen niño, bien
disciplinado, es decir: bien educado.
D. De la mano de los llamados “maestros
de la sospecha” ya la segunda mitad del siglo XIX y todo el siglo XX se caracteriza
por una crisis del fundamento, tanto puesto en una naturaleza esencial o como
puesto en un sujeto descontextualizado (a priori) habitante del supuesto
“estado de naturaleza”. Y comienza un lento trabajo de genealogía de los
valores y conceptos, un programa de de-construcción de haber creído que lo mismo
es igual a sí mismo, como una forma “ilusoria” de conjurar lo nuevo y el
tiempo. Entonces la realidad
(lo que la larga historia de la filosofía llamó el
“ser”) empieza a entenderse como acontecer, donde lo mismo no es lo igual ni
logra conjurar la diferencia y lo nuevo.
Es en este contexto de profunda crisis civilizatoria
que tiene sentido afirmar que la infancia, es, justamente, un acontecimiento
ciudadano, y quien convierte a la ciudadanía misma en acontecimiento,
deconstruyendo la ilusión de lo siempre igual a sí mismo, ya sea por
naturaleza, ya por contrato, ocultando el sentido político de la infancia.
Atendamos a lo primero. La infancia es un
acontecimiento ciudadano, es decir, político. Y lo es, en primer lugar, porque la
infancia son los “recién llegados”, que entran al espacio público no sólo
abriendo sus fronteras (mo-viendo el supuesto piso inconmovible o borrando el
supuesto horizonte de una mirada congelada) sino que, además, en tanto otros en
cuanto otros, simplemente con su rostro y “epifanía” interpelan éticamente y
dicen: hénos aquí, no nos violenten, no nos reduzcan a lo mismo5.
Como intenté formularlo hace un tiempo, en este mismo contexto del Congreso de la REDUEI, la infancia más que
ausencia de habla es facundia interpelante, es decir, exigencia ética de
justicia6.
Y quiero agregar algo más: es la infancia la que
revela lo más profundo de la existencia humana, que “estamos, meramente
estamos”, y que es ilusorio pretender ser sin estar, porque el pensamiento no
se ve ni se toca, pero pesa, está gravitado por el suelo que habitamos. Y lo
re-vela precisamente porque el estar, meramente estar, como dice Rodolfo Kusch,
no es sino la indigencia originaria, el hambre que va desde el pan hasta la
divinidad7. Es decir, lo que genera comunidad política y cultural, y
en última instancia fundamenta la educación. La infancia disloca el estar
sentados en una ciudadanía puramente formal (sentido etimológico del “ser”, que
es “sedere”, estar sentados) y disrumpe, desde el estar, meramente, estar,
poniendo de pie y preparando para la marcha (es el sentido del stare
contrapuesto al sedere, precisamente).
08 NUDOS
CRÍTICOS Y DESAFÍOS EN EDUCACIÓN.
Construyendo una agenda ciudadana
Lo que la infancia como acontecimiento ciudadano, es
decir, político, está diciendo es, simplemente, que lo mismo no es lo igual,
que no se puede violentar al otro en cuanto otro, y que la única forma
auténtica de ser es estando, sin ilusionarnos con un ser sin estar, o una ciudadanía
sin infancia.
Es lo que, a su manera, sostiene Agamben en su libro
Infancia e Historia8: no es posible que haya historia sin infancia,
porque sin infancia no hay experiencia, es decir, tanteo de la palabra que
irrumpe en el código de la lengua y se constituye como sujeto que habla,
piensa, actúa y –por lo mismo- inaugura siempre de nuevo el espacio de lo
público y posibilita que haya historia, es decir: memoria y esperanza.
La infancia, es cierto y como tanto ha sido
reflexionado, es una etapa biológica y es una construcción socio-histórica,
pero antes que todo eso simplemente está, interpela éticamente, acontece
políticamente. Y precisamente es acontecimiento ciudadano porque está-siendo
facundia interpelante que des-obra (como se expresan Blanchot y Nancy9)
la comunidad política para que tenga lugar lo que acontece como nuevo: esta
comunidad ausente-presente en todo intento de vida social.
No hay ciudadanía sin infancia, porque no la hay sin
experiencia y sin historia, porque no es auténtica si pretende ser sin estar,
porque es injusta si pretende reducir la alteridad en cuanto tal a la mismidad.
Justamente y parafraseando a Agamben hablando de la experiencia, se pretende
“controlar” la infancia, y entonces no es experiencia sino experimento, o se
pretende “banalizarla”, y entonces tampoco es experiencia sino simplemente
“tiempo feliz e intrascendente”, por supuesto muy lejos de la ciudadanía.
Me animo a proponer lo inverso, y es lo segundo que
quería plantear, es la infancia la que nos hace entender la ciudadanía misma
como acontecimiento, y no como una cualidad natural o meramente contractual,
que indica el paso de un estado a otro. Porque hay infancia los ciudadanos
podremos, sin miedo y sin vergüenza, saber que antes que nada estamos, meramente
estamos, tanteando símbolos o aciertos fundantes que den sentido a la vida,
saber, además, que somos profundamente vulnerables precisamente porque nos toca
la interpelación ética del otro en cuanto otro (sin ilusionarnos que a nosotros
nadie nos toca), es decir, que estamos desde siempre expuestos al rostro del
otro en cuanto otro. Y entonces entenderemos que somos desde siempre
responsables y guardianes de nuestros hermanos, porque somos responsables del
“mundo” y de los “recién llegados”, como se expresa H. Arendt.
A la luz de todo esto quizás entendamos finalmente
que sólo tiene sentido la paideia y la disciplina si comprendemos que la
infancia, como acontecimiento político es, a su vez, una verdadera “andreia” y
“gineia”, si me lo permiten, porque es la infancia la que nos conduce, hombres
y mujeres, a una ciudadanía que sea realmente convivencia justa, comunidad, y,
simultáneamente respete la igualdad y la libertad de cada uno.
Por eso es cierto que una educación de calidad, que
la igualdad de oportunidades, que el progreso moral de la humanidad, que la paz
perpetua –todos esos ideales que marcan la historia de la educación- empieza y
tiene sentido en el derecho universal a una educación inicial, que entienda a
la infancia como acontecimiento político, lo cual se traduce en la capacidad de
responder, la responsabilidad ciudadana, a la interpelación ética de los recién
llegados, que están aconteciendo y que nos permiten hacer historia, sin
confundir memoria con nostalgia, porque lo mismo no es lo igual, ni confundir
utopía con ilusión, “porque a esta hora exactamente hay un niño en la calle”,
hay una escuela y hay maestras y maestros responsables del mundo y de los
recién llegados.
..Es la infancia la que nosconduce,
hombres y mujeres, a una ciudadanía que sea realmente convivencia . Justa, comunidad, y simultáneamente
respete la igualdad y la libertad de cada uno.
1 El texto
fue originalmente una conferencia brindada en la Universidad de Luján,
encuentro de la REDUEI,
junio del 2011.
2 Es lo que
puso de relieve reciente-mente G.Agamben en su trabajo Homo Sacer. El poder
soberano y la nuda vita, Valencia, Pre-Textos, 2003.
3 Esta
distinción de los modos de vida está claramente explicitada en la Ética
a Nicómaco de Aristóteles.
4 La
distinción de “labor”, “trabajo” y vida activa fue magistralmente puesta
de relieve por H.Arendt en su libro Vita Activa (fue traducido como La
condición humana, Barcelona, Paidós, 1998).
5 Cfr. E.
Levinas: Totalidad e Infinito. En-sayo sobre la exterioridad, Salamanca,
Sigueme,1977.
6 Cfr-C.
Cullen: Entrañas éticas de la identidad docente, Bs.As., La Crujía, 2009.
7 Cfr. R.
Kusch: América Profunda., en Obras.Completas., T II Rosario, Ross, 2009,
pp.1-254.
8 Cfr.G.Agamben:
Infancia e Historia, Bs.As., Adriana hidalgo Editora, 2007
9 Cfr.
M.Blanchot: La comunidad incon-fensable, seguida de un postfacio de J.L.Nancy,
Madrid, Arena Libros, 2002.
Estracto tomado de: http://www.nuestracordoba.org.ar/documentos/Documento_Nudos_Criticos_en_Educacion.pdf
Red Ciudadana Nuestra Córdoba - info@nuestracordoba.org.ar - Córdoba, Argentina.
Difusión Pública.
Conclusión:
“El futuro de los niños es
siempre hoy” Gabriela Mistral
El
texto que tomamos como eje del desarrollo de nuestro blog, es para hacer un
aporte, difundiendo este desafío que conlleva la educación, que es la
construcción de la ciudadanía en la infancia, y cuyo compromiso, debe surgir en
la etapa de formación de los jóvenes docentes, de los que egresan y de los que
aún creen que es posible el cambio. Que el hecho de educar, no es solo impartir
conocimientos para el futuro, sino también contribuir a un crecimiento como
personas, como miembros de una sociedad, que es la nuestra. Que nos es propia
porque nos pertenece pero también porque la construimos día a día, juntos,
hombres, mujeres y niños. El pensamiento crítico debe ser una herramienta de
construcción que se debe enseñar desde la infancia, para poder así formar
ciudadanos críticos, reflexivos y solidarios como miembros de una sociedad que participa activamente en la toma
de sus decisiones y proyecta su futuro
como sociedad democrática.
La
etapa de la infancia más allá de ser, un estadio de desarrollo, es un momento
de aprendizaje puro, y como tal se debe apoyar a que ese aprendizaje sea desde
la propia participación y la propia experiencia. Es por ello que el artículo de
Carlos Cullen, nos interesó tanto porque si bien está definido de modo filosófico,
su contenido apunta sencillamente a orientar especialmente a la
autodeterminación de los niños, el derecho a decidir sobre lo que hace a su
educación e ideales. Y darle lugar a la propia participación y direccionamiento
de sus objetivos, lo que no implica que el docente deje librada al azar
semejante tarea, pero si desde la capacitación ética y pedagógica orientar este
crecimiento sin restarle importancia al presente, porque el futuro se construye
cada día pero el presente es hoy y “hoy los niños son ciudadanos”.
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